19 de julio de 2010

Iglesia versus Epicuro

El filósofo griego Epicuro, en la Antigüedad, fundó una corriente de pensamiento que se llamó hedonismo (del griego "hedoné", que significa "placer), cuya máxima era "busca el placer y evita el dolor", máxima además corregida por ésta, de doble formulación: "Acepta el dolor presente si de él se va a derivar un placer futuro superior" y "Evita el placer presente si de él se va a derivar un dolor futuro superior".
Parece que tiene lógica, ¿no? Parece racional, de sentido común, ¿verdad? ¡Pues no! A la Iglesia no le gusta.
Buena prueba de ello es que lleva siglos intentando defenestrar y deslegitimar la imagen de Epicuro, como si de un animal (concretamente un cerdo) se tratata (como explica perfectamente el filósofo francés Michel Onfray, en su obra "La fuerza de existir. Manifiesto hedonista", cuya lectura encarecidamente recomendamos).La Iglesia nos muestra a un Epicuro materialista y superficial, al que sólo pareciera importarles "los placeres de la carne" (uno de los tres enemigos del alma, como dice la doctrina de la Iglesia y como todos sabemos).
Todo ello es falso. Epicuro aboga por el bienestar y por la lucha contra el dolor y, por si fuera poco, propone un cálculo racional (esto es, guiado por la razón y no por los instintos) que subordine la consecución inmediata del placer al bienestar y felicidad global de las personas. Claro que, eso sí, aceptó perfectamente "los placeres del cuerpo". Y ahí, amigo, es donde chocó con la Iglesia, gran enemiga de que el ser humano disfrute y lo pase bien.
Y es que, para cada placer del cuerpo (del hombre, de la vida), la Iglesia contrarresta con un "pecado" que tiene preparado al efecto. ¿Que la naturaleza nos otorga el placer del sexo? La Iglesia contrataca con el pecado de lujuria (del que hay que confesarse, so pena de ir al infierno; todos sabemos que, v. gr., la masturbación es considerada "pecado mortal" por la doctrina moral de la Iglesia). ¿Que la naturaleza nos ofrece el placer de la comida? Pues la Iglesia dice que si comes por placer (y no por necesidad) es pecado de "gula". ¿Que una buena "echada en la cama o en el sofá es placentero? No, es pecado: la "pereza". Y así sucesivamente. Todo lo que produzca placer y bienestar es motivo de condena eterna, en el infierno con el demonio, que tanto nos hará sufrir.
En efecto, si uno coge los textos de la Iglesia (podemos empezar por los últimos de Hemos visto a Benedicto), se encuentra con el ataque frontal a uno de los principales males de nuestra cultura actual: el hedonismo.
Y uno, que es un poco bruto o básico, se pregunta: ¿y qué pasa con el hedonismo? ¿Alguien me puede explicar qué tiene de malo el placer? ¿A quién hago daño si pretendo disfrutar o máximo que la vida me permita (siempre que no sea a costa de los demás o dañándoles?
Y no, no quiero entrar ahora en el hecho anecdótico de que esa suflama contra el bienestar la prediquen unos cardenales de la curia vaticana que visten casullas de seda filipina, valoradas en una media de 4000 euros cada una (y vendidas por una exclusiva boutique de lujo de Milán, que come fundamentalmente de los prelados), cardenales que gozan (todos y cada uno de ellos)de una tarjeta de crédito bancaria ILIMITADA; cardenales de un Vaticano del que ,lo último que hemos sabido es que es propietario de 2000 pisos en Roma, la mayoría de los cuales, se ubican en el centro de la ciudad . No, no me refería en este artículo a esa "extraña" forma de vivir la austeridad y la "opción contra el placer, el materialismo, etc". Me refiero, más bien, a la filosofía de fondo enfermiza que les alienta y que ya denunciase furibundamente el filósofo Nietzsche (lógicamente condenado por la Iglesia) en el siglo XIX.
Pues no es otra que la lucha contra la felicidad en esta vida. Y aquí ya me empieza a cuadrar todo: para que la "salvación" que la Iglesia ofrece (espiritual y eterna post-mortem) tenga predicamento y sentido alguna, esta vida ha de ser "un valle de lágrimas", una "cruz", donde imperen el dolor, el miedo y la "esperanza en un mundo mejor allende esta vida terrena". Si aquí y ahora podemos encontrar la felicidad y la plenitud (como han predicado innumerables filosofías occidentales-el epicureísmo hedonista y Nietzsche, entre otras- y el pensamiento zen oriental), el negocio eclesial (vendido en formato "plus ultra") carece de sentido. Y así, es la incapacidad de la Iglesia de asumir y presentar a un Dios que acepte y bendiga ESTA VIDA (el sentido de la tierra, en términos niezscheanos) la que justifica su cruzada contra todo aquello que nos gusta, que nos deleita, que nos divierte y que nos hace gozar. Si es placentero, es pecado o sospechoso de pecado.
Y así, no ha poco que escuché a alguien muy cercano a mí (de misa diaria, lector de ABC, oyente asiduo de la COPE y, of course, votante del PP, y al que sólo oir la palabra "izquierda" le produce urticaria) decirme indignado que "¿dónde vamos a parar en una sociedad en la que la gente sólo quiere divertirse y pasarlo bien?". Esta persona, cada vez que se celebra una fiesta de cumpleaños, se queja y despotrica del "vacío de esta sociedad carente de valores, que busca cualquier excusa para hacer una fiesta". Esta persona ultracatólica, que quería que perdiese España el mundial "para que no se apunte el tanto Zapatero".
Con esta predicación, es lógico que estén de psiquiatras. Yo, "mejón" de gastarme el dinero en psiquiatras, casi que prefiero un buen vino, o un buen whisky, con una buena película y una mejor compañía. ¿Qué iré al infierno? Como diría Don Juan Tenorio: ¡Cuán largo me lo fiáis! Yo intentarté dignificar esta vida, y al género humano, luchando contra el dolor y disfrutando los placeres de vivir. Como diría el gran Serrat, en su tema "Hoy puede ser una gran día", "no dosifiques los placeres, si puedes, derróchalos". Para cabreo de Ratzinger. Brindo con mi copa. Va por ustedes.
"Salute...y fuerza en el palodute".

Rebelion

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